Sobre María Paz Cajas, madre que resultó con un aborto en su detención:

El día jueves 26 de Mayo aproximadamente a las 11:30 am, en una manifestación estudiantil en el centro de Santiago, Carabineros procedió a la detención de María Paz Cajas al intervenir en favor de unos adolescentes que estaban siendo detenidos. En el procedimiento, María Paz habría sido golpeada fuertemente en la vagina por una carabinera,  produciéndose posteriormente un sangrado vaginal, situación que fue atendida en una constatación de lesiones alrededor de las 18 horas en el Hospital San Juan de Dios, donde le informaron que se encontraba embarazada de 5 semanas y que el sangrado se debía a un aborto (presumiblemente producto de  la patada propinada). A pesar de presentar este sangrado y estar sufriendo un aborto, María Paz fue enviada de nuevo a la comisaría donde estuvo hasta las 20:30 horas. Ella además es madre de un niño menor de dos años que está en periodo de lactancia, y según la información que hemos recibido, estas circunstancias no fueron atendidas adecuadamente por parte de Carabineros durante su detención, y solo por la intervención de una abogada de derechos humanos- INDH pudo amamantar a su hijo a las 18:30.

Como Movimiento de Mujeres Reivindica, rechazamos toda forma de violencia, en especial la que afecte a las mujeres en su maternidad y salud reproductiva, y consideramos innecesario que  las acciones o maniobras para mantenimiento del orden público  afecte a las mujeres en este sentido.
A nuestro parecer es prioritario que Carabineros, además de hacer uso proporcional de la fuerza, apliquen en sus protocolos para el mantenimiento del orden público un adecuado trato a las mujeres y su maternidad, de modo de no incurrir en actos que pudieran ocasionar  daños irreversibles y evitables  como es el de un aborto,o que afecte su salud reproductiva. A su vez,  tener en consideración los derechos  de hijos que estén al  cuidado de la mujer detenida. Es por esto, que  hacemos un llamado a Carabineros de Chile a investigar lo sucedido, aplicar las sanciones correspondientes, y evitar  que hechos como los descritos se repitan, aplicando todas las herramientas a su disposición para entregar mayores garantías  y resguardos a las personas que son detenidas, con el fin de que estos procedimientos se enmarquen siempre dentro de las leyes y recomendaciones internacionales respecto al trato a las mujeres detenidas, especialmente  las que dicen sobre  buenas prácticas en relación con las necesidades y el desarrollo físico, emocional, social y psicológico de los bebés y los niños afectados por la detención y encarcelamiento de las padres.

Movimiento de Mujeres Reivindica

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ONU, Virus Zika y Aborto

por Rosario Vidal

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"Farei de tudo para que ela possa caminhar, ver e ouvir" – Monique, 25, mae da Gabriella que nasceu com microcefalia possivelmente relacionado ao virus Zika. Foi um breve e belo trabalho para o The Times of London @thetimes que me possbilitou conhecer mais de perto esta realidade que famílias brasileiras estão passando, e presenciar o amor incondicional e cheio de esperanças da Monique. “I’ll do everything so that she can walk, see and hear” – Monique, 25, mother of Gabriella that was born with microcephaly with possible relation to the zika virus. It was a quick but beautiful assignment for The Times of London that allowed me to get closer to this reality that Brazilian families are going through, and witness the unconditional love full of hope of Monique. #zika #zikavirus #zikaoutbreak #aedes #aedesaegypti #amorincondicional #brasil #brazil #everydaybrasil #everydaylatinamerica #everydayeverywhere #unconditionallove #mosquito #microcefalia #microcephaly #zikavirus #viruszika

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El 5 de febrero, el Alto Comisionado de la ONU, el Príncipe Zeid Ra’ad Al Hussein de Jordania, realizó un llamado a los países latinoamericanos para que permitieran el aborto en caso de embarazadas contagiadas con el virus Zika. Sin embargo, éste, además de obviar que el interpretar la Declaración de Derechos Humanos y tratados en favor de un supuesto derecho al aborto está fuera de su competencia, pasa por alto parte importante de lo que esta crisis ha revelado con respecto a las mujeres: el abandono que sufren mujeres embarazadas de hijos diagnosticados con microcefalia por parte de su pareja y el cómo muchas asumen la maternidad en soledad, como una alternativa que se ve menos dolorosa y difícil que la de abortar o renunciar a su hijo cuando, a diferencia de los hombres que las abandonan, ya tienen un vínculo con él.

Y es que la pretensión del aborto como derecho a elegir, invisibiliza que la maternidad comienza mucho antes del momento del parto. Lejos de cumplir el supuesto objetivo de dar opciones en favor de las mujeres, un llamado de esta naturaleza pone de manifiesto la banalización del acto abortivo, invalidando que las mujeres tengan un vínculo maternal con su hijo aunque esté enfermo o sufra una discapacidad, lo que finalmente más que empoderar a las mujeres en el ejercicio de la toma de decisiones, vuelve al aborto imperativo:  ¿Cómo no elegir el aborto en medio de la amenaza de abandono, precariedad y adversidad, si se plantea como una simple elección frente a opciones de igual valor, el continuar con la maternidad o ponerle fin con la muerte del hijo en gestación?

Por otra parte, desde la perspectiva de la salud de la mujer, instar al aborto en casos de microcefalia, implica la realización de abortos tardíos, pues la mayoría de los diagnósticos se realizan en el tercer trimestre de embarazo, requiriendo necesariamente ser corroborado después del nacimiento – o incluso años después- lo que conlleva  un  riesgo evidente en salud mental y física para la mujer. No parece razonable combatir las inciertas consecuencias del Zika, impulsando a la toma de un riesgo efectivo en la salud asociado al aborto. Tampoco parece una causa humanitaria, promover la muerte prenatal de quienes se han visto afectados posiblemente con el virus.

Desde una perspectiva de derechos humanos – la cual debiesen representar los organismos que los promueven y protegen- no es comprensible que se pierda de vista  lo que significa un aborto en sí. Si nos alejamos de la teoría de los grupos de presión, según la cual el aborto es el ejercicio de un derecho en materia sexual y reproductiva, y nos acercamos a la realidad, el aborto -legalizado o no- se manifiesta sobre todo  como un signo de vulnerabilidad  y no de empoderamiento de las mujeres. Esto en parte se ve demostrado en cómo muchas de las ideas imperantes respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, condicionan ésta, a la inexistencia o relego de la maternidad, donde tal pasa a ser causal de exclusión; y con ello son afectadas todas las  mujeres -pues cada una es potencialmente madre-, más aún cuando la maternidad no cumple con el estándar de lo “óptimo” (maternidad adolescente, maternidad al cuidado de  hijo o hija con discapacidad, etc), resultando el aborto una forma de prolongación de las injusticias. Injusticias que, por cierto, no sólo afectan a las mujeres. El aborto también  refleja la discriminación subyacente contra individuos y grupos humanos. Por esto, resulta inaceptable que el Alto  Comisionado de la ONU no haya tenido en cuenta que el llamar a la legalización del aborto en Latinoamérica  por la posible discapacidad  en niños y niñas que nacen con microcefalia, resulta en el impulsar una política eugenésica y contraria a Convención sobre los Derechos de Personas con Discapacidad de Naciones Unidas, que señala  en su artículo 10 “Los Estados Partes reafirman el derecho inherente a la vida de todos los seres humanos y adoptarán todas las medidas necesarias para garantizar el goce efectivo de ese derecho por las personas con discapacidad en igualdad de condiciones con las demás”. Con este llamado está desconociendo los esfuerzos de varias organizaciones en el mundo que defienden los derechos de las personas con  discapacidad, entre las cuales está el Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad de la misma ONU, que en razón de hacer efectivo el derecho a la vida y terminar con la discriminación,han solicitado a  estados de países donde el aborto es legal que suscriben a la Convención, terminar con la diferenciación respecto a causales y plazos de aborto por discapacidad.

Asimismo,  no deja de ser un hecho preocupante que el Alto Comisionado reconozca que no existe una relación causal comprobada entre el Zika y microcefalia, a la hora de hacer  este llamado; pero no ponga en perspectiva que, mientras en ningún país afectado por el virus, fuera de Brasil, los nacimientos de niños con microcefalia se han visto aumentados, existen datos que hablan de causas diversas que pudieran provocar este aumento en el nacimiento de niños y niñas con microcefalia en Brasil, tales como desnutrición y uso indiscriminado de pesticidas, posibles causas que dicen de la vulneración sistemática de derechos, en que los gobiernos tienen el deber de intervenir

En suma, la declaración del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, lamentablemente evidencia más la ansiedad de ONGs y grupos de presión insertas en el aparato burocrático de la ONU en pos de la consecución de políticas en favor del aborto como prestación de salud en Latinoamérica, que preocupación por la promoción del respeto de todos los derechos humanos y un genuino llamado en favor de las mujeres.

 

 

 

Columna publicada 15 de febrero 2016 en Voces La Tercera 

http://www.latercera.com/voces/onu-virus-zika-y-aborto/

Violencia contra las mujeres en dictadura

Por  Natalia Arévalo

Tenemos que hablar. Sí, hoy. Después de más de 42 años, tenemos que sentarnos a hablar sobre las muchas mujeres que vivieron abuso sexual y violación en dictadura. Que sea libre y honestamente. Sin instrumentalizarlas; sólo acogiendo. ¿Cómo te paras frente a la Historia y miras las torturas a las que fueron sometidas sistemáticamente estas mujeres? ¿Cómo podemos entender el pasado, hacer justicia y asegurar que esto no se repita? Ok, no somos historiadores, ni menos sicólogos; sin embargo somos herederos de relatos comunes que conforman nuestra memoria cultural. Ella está llena de silencios, e incluso pareciera que estamos resignados a convivir con un cierto relato épico que olvida que la violencia dictatorial no sólo tuvo enfoque en lo político, sino que también grandes dosis de violencia de género, entre las diversas formas en que se ejerció el terror. Recordemos que la violencia toma diversas formas, entonces, para propósitos del punto que quiero problematizar me enfoco en violencia hacia mujeres aunque mi intención está muy lejos de establecer los términos como homólogos. Digo todo esto para darme el ánimo necesario de escribir, para tener la capacidad suficiente de problematizar un punto frente al que pareciera que nada de lo que podamos decir será suficiente cuando se trata de reparar todo el daño que ellas recibieron. Sobre todo porque tengo la urgencia que nace de la conciencia de que cada mujer vejada por agentes al servicio del terror pudo ser mi mamá, alguna de mis tías, o alguna de mis vecinas.
Se necesita una buena dosis de valentía para sentarse a leer los testimonios de mujeres violentadas sexualmente en dictadura. Aunque estés leyendo sobre casos tomados de Perú, Chile o Argentina, pasar de un relato al otro se siente como un dejá vu de horror donde se repite un patrón: mujeres que, por tener una cierta posición política son detenidas, torturadas y sometidas a violencia sexual de manera reiterada por agentes del poder. Algunas de ellas fueron agredidas por sus actividades como dirigentes o militantes mientras que otras fueron encarceladas por el sólo hecho de ser pareja de algún miembro de partidos opositores a los regímenes en cuestión. Cuando cambias de contexto, miras casos más lejanos, y comparas con lo sucedido acá en Chile, descubres que las violaciones fueron usadas como instrumento para dividir “enemigos” y asentar el poder de un grupo tiránico sobre la población. En Chile, ese poder se puede ilustrar por medio de algunas cifras recogidas por la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura: 3399 mujeres prestaron testimonio, siendo casi todas ellas víctimas de algún tipo de violencia sexual, aunque se intuye que las cifras podrían ser mayores, dado que en estos casos las mujeres prefieren habla en calidad de testigos (“esto le pasó a otra”) que como víctimas. Entre quienes testimoniaron, 316 reconocieron haber sido violadas y 229 de las mujeres estaban embarazadas al momento de su detención, entre las  cuales 11 señalaron haber sido violadas. Entre los testimonios se registra que producto de las torturas, 20 de ella sufrieron abortos. A todo este horror hay que sumar a las menores de edad detenidas y los niños nacidos en prisión; recordemos que el stress de la madre incide en el nacimiento de niños más pequeños y vulnerable, sólo para empezar con la lista de dolencias heredadas por ellos.
Dentro de todo eso, se destaca una búsqueda por despersonalizar a cada una de las mujeres: “Desde el momento en que eres detenida, te ponen una venda en los ojos y te amarran, pierdes la condición de ser humano. Yo sentí que me estaba muriendo, que caía en un hoyo en el que no había presente, pasado y futuro; no había nada. Fue mi primera muerte” indica uno de los testimonios rescatados por El Mostrador.  Se intentó robar la condición de personas de ellas, con ofensas (“perra” es una de las palabras que se repite) lanzadas para quebrarlas. Como se podrá imaginar, se suman otras dimensiones: el daño no sólo es personal, sino también comunitario porque los centros de tortura se ubicaban en el interior de las ciudades-pensemos en el centro de José Domingo Cañas-, cerca de hogares, parroquias y grupos que debieron ser testigos silenciosos de los vehículos que llegaban con las detenidas para alimentar la maquinaria del miedo. En algunos casos, el silencio va acompañado a la culpa que genera la idea de no haber sido capaces de defender a las propias mujeres. ¿Cuántos chilenos supieron de estas vejaciones y no hablaron, ya sea por complicidad o temor? Pienso enpersonas comunes y corrientes, como el bueno de mi bisabuelo, que vivía junto al regimiento de Tejas Verdes y tuvo que morir cargando con la pesadilla de los gritos que llegaban a su casa. El tiempo de romper los silencios llegó tarde para él, de ahí que yo hable en su nombre. Hay que empezar a tomarse el pulso y mirarnos a la cara, reconocer las heridas heredadas y comprenderlas para construir un futuro, en un intento de liberar a toda una generación que se acostumbró a vivir reprimidos y a dejar que los traumas se infectaran bajo discursos de “miremos hacia adelante” o “había un contexto”, que más que dar un marco propio de análisis revelan la indiferencia de quienes los han promulgado.
La reciente apropiación de los espacios de la memoria nos ha llevado a discusiones en las que no siempre hemos tenido la madurez y empatía necesarias. ¿Quién no recuerda frases desafortunadas tipo “había un contexto”? Otros intentos de resignificar lo ocurrido, se ha quedado en tristemente célebres iniciativas o publicidades detrás de las que hay personas que no supieron tratar con la suficiente delicadeza estos dolores, por muy buenas que hayan sido sus intenciones. Por otro lado, se sabe que algunos intentos por recuperar las memorias de las dictaduras se han concentrado en relatos masculinos, dejando afuera grandes aportes que las mujeres podrían haber aportado para completar el cuadro de los abusos cometidos por el Estado en la época del terror. Tenemos grandes deudas con las mujeres de este pasado, a quienes les hirieron la vida, los afectos y relaciones. Como si esto fuera poco, la impunidad de los agresores al no juzgarse casos como crímenes de lesa humanidad aumenta la sensación de indefensión de las víctimas; estamos así mandando el mensaje de que nos hemos resignado a dejar que la injusticia pase libre, lisa y llanamente. ¿Cuánto nos tomará aprender a asumir que nuestras memorias necesitan gestos y marcas visibles para sanar? En días en que se discute si poner tal o cual monumento, volvemos a revelar cuánto nos hace falta aprender de nuestro propio pasado. Que vengan todos los memoriales necesarios, pero también que llegue pronto la justicia, por ellas, sus hijos y nosotros.

Natalia Arévalo
En Twitter:   (@nataliamariaam): https://twitter.com/nataliamariaam?s=08

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Aborto: tortura, muerte y desaparición – El Mostrador

Por Francisca Jofré y Rosario Vidal

Hace un par de semanas, una organización contraria al aborto (Informaborto) instaló gigantografías en la ruta 68 que une Santiago con Valparaíso. En una, se ve la imagen de un embrión de 10 semanas, destrozado producto de un aborto y, en otra, se muestra a personas detenidas en el Estadio Nacional, en 1973. En ambas aparece la frase “aborto es tortura, muerte y desaparición”.

Las imágenes provocaron reacciones inmediatas, en especial de los defensores del proyecto que se discute en el Congreso, y, a pesar de lo crudo de la imagen que muestra la realidad del embrión abortado, la polémica se centró completamente en la imagen del Estadio Nacional. La indignación, por parte de algunas personas, la manifestaron aduciendo que la comparación resultaba insultante. Sin embargo, hubo quienes reconocieron en esta acción de las vallas camineras, más allá de la postura que tuvieran respecto al aborto, una expresión de la toma de conciencia sobre las violaciones que ocurrieron en Chile.

En ese sentido, podríamos decir que este “simple” letrero marcó un hito, planteando la defensa del derecho a la vida del que está por nacer desde una lógica transversal, enmarcada en la problemática de los Derechos Humanos. De paso, por primera vez se manifestó una condena a la violación de los DD.HH. de una manera amplia, libre de las acostumbradas consideraciones partidistas de izquierda y derecha.

Por otra parte, aun comprendiendo que el aborto como “derecho” y las violaciones a los derechos humanos ocurridas en Chile no pueden contrapesarse como hechos idénticos, el mensaje entregado en esas vallas merece ser desentrañado en su sentido profundo, ya que pone de manifiesto una interrogante que ha sido silenciada en el debate: ¿es el aborto legalizado, es decir, garantizado y sistematizado su acceso por el Estado, una violación a los Derechos Humanos?

Por más que la estrategia comunicacional del gobierno y de los lobbistas que lo acompañan intente disfrazar sus intenciones de legalizar el aborto en torno a un anacrónico debate sobre Estado Laico, adjudicando así a la postura en contra del aborto un carácter exclusivamente religioso, es este –aborto como violación a los DD.HH.– el debate de fondo que debe hacerse con alturas de miras, y no otro; pues basta aproximarse a la nociones más elementales de DD.HH. para comprender que a estos adscribe toda la familia humana, y que el embrión/feto indudablemente pertenece a esta familia.

Por tanto, el argumento dogmático-legalista que plantea que el feto y el embrión, aun siendo seres humanos, no son personas sujeto de derecho porque la ley no lo reconoce, carece de validez, ya que, en la Declaración de los DDHH, en su artículo 6, se precisa que “todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.”

Asimismo, el amparo de la Declaración a toda la familia humana es un muro de contención para prevenir los atropellos a la dignidad humana sobre la base de recursos retóricos o artificiosos que la transgreden, al promover la deshumanización de individuos o grupos humanos, lo que es perfectamente coincidente con las ideas invocadas por quienes apoyan el proyecto, cuando sostienen que el embrión humano es un ser humano dependiendo de las creencias personales y no por la evidencia científica vigente.

Otro argumento dado, es que lo que se propone mediante el proyecto de ley es en el marco de las excepciones a la protección de la vida, llamándole incluso aborto por causales humanitarias.

Dejando fuera que el dar al feto una muerte dolorosa y cruenta –como se evidencia en el cuerpo despedazado de una de las gigantografías– difícilmente puede ser considerado un acto humanitario, y que la primera causal propuesta en el Proyecto de Ley de Aborto parte de la falsa premisa de que es ilegal la interrupción del embarazo en riesgo vital, se reconoce en esta posición que el ser humano antes del parto es digno de ser protegido, pero se permitiría excepcionalmente su muerte intencionada por origen y por enfermedad, en abierta transgresión al principio de igualdad y no discriminación de la Declaración.

Pero, aun si negamos que el embrión y el feto humanos son parte de la familia humana, el trato que se le da al feto y al embrión en el aborto ni siquiera es digno para un animal, de acuerdo a la Declaración Universal de los Derechos a los Animales (1978). Esta establece que es un crimen contra la vida matar a un animal innecesariamente, que su cadáver debe ser tratado con respeto, que la matanza de un gran número de animales salvajes es genocidio. También establece que ningún animal debe ser tratado cruelmente y, que si se ha de sacrificar, se debe procurar no causarle dolor físico ni psíquico.

Esta declaración dio origen a la creación de protocolos en la experimentación científica que establecen la obligación de anestesiar incluso a fetos y embriones animales en el caso de realizarles cualquier tipo de procedimiento.

En el aborto como derecho de la mujer, se le da un trato al embrión y al feto humano que ni siquiera es digno ni legítimo con animales. El proyecto de ley promovido por el gobierno, al no contar con límite gestacional para practicar el aborto en dos de sus causales, indudablemente permite dar una muerte dolorosa y cruenta a un ser vivo de la especie humana.

Tales omisiones de parte del Estado, propuestas por el gobierno en el proyecto de ley, se yerguen arguyendo consideración a la mujer que, frente a ciertos embarazos, está sometida a una situación límite, y, en este supuesto, se asume que el aborto es una forma de resolución de conflicto insustituible, lo que promueve una visión machista-antagónica entre el ser humano gestado y la mujer.

Si el Estado tiene obligación de respetar los DD.HH. en situaciones excepcionales como guerras, conflictos armados, etc., tampoco debieran las circunstancias excepcionales personales transformar un acto ilegítimo en derecho garantizado por el Estado.

Lo que se propone con el aborto legal como derecho, no se trata de la no-penalización de las mujeres en casos extremos, ya que esto se aplica caso a caso hoy en día en Chile mediante causales de eximente o atenuantes consideradas en la ley. Lo que se propone es entregar el aborto como prestación de salud legítima, sistematizando su ocurrencia a lo largo de todo el país, donde el Estado toma parte activa en garantizar que los abortos o muertes prenatales sean efectuados. Esto implica renunciar deliberadamente a la protección de la dignidad humana en la primera etapa de vida del individuo humano, y renunciar también a compromisos internacionales reales como el de realizar esfuerzos en eliminar la necesidad del aborto.

En resumen, el aborto, como derecho, entra claramente en conflicto con principios de la Declaración de Derechos Humanos, y la negación sostenida de esa realidad evidente por parte de políticos, gobiernos y hasta de organismos internacionales demuestra que se puede promover la violación de derechos esenciales reinterpretando arbitrariamente, a merced de objetivos y motivaciones, los artículos definidos en la célebre declaración de 1948.

Parte de la lección que debimos aprender con lo ocurrido en Chile en dictadura fue que las situaciones extremas no debieran justificar atropellos a la dignidad humana. Esto significa que es necesario asumir la obligación de buscar soluciones a conflictos, respetando los derechos de todos. Y, en el caso del aborto, la situación no se resuelve al negar la existencia del ser humano antes del parto, ni escudándose en el supuesto de actuar en favor de las mujeres; porque al darle al aborto estatus de derecho, inevitablemente se enarbola como un bien, lo que está lejos de ser la realidad de la gran mayoría de las mujeres que enfrentan la violencia de un aborto.

 

Publicada en el Mostrador 20 de octubre 2015 http://m.elmostrador.cl/noticias/opinion/2015/10/20/aborto-tortura-muerte-y-desaparicion/